Una papelera de Mc Donald´s es la imagen de la catástrofe.

Ese enorme cubo de basura donde se vacían las bandejas, cuya bolsa con capacidad para 100 litros se llena en menos de media hora, resume y sintetiza todos los males de éste mundo.

 

1 Una señora espera en el metro con una bolsa llena de acelgas. Este brote de naturaleza se resiste a caber en la bolsa. En este gris subterráneo.

 

2 “Tres son curts i quatre son llargs” es cuando el 37 te va pequeño, el 38 grande y no hay medios números.

 

3 “Este señor es viejo, esta señora es gorda y porqué tiene esta chica las tetas tan grandes” son constataciones de una niña de tres años para la que esas cosas aún no son ni buenas ni malas, simplemente “son” y se pueden decir.

 

4 Alguien (por equivocación, o no?) ha puesto nuestro teléfono fijo en un anuncio en el que se vende un tractor.

 

Hoy me han regalado la mejor caja de bombones.

Es una caja bastante pequeña, blanca, cerrada con celo por los dos lados, para que la mercancía no se caiga. Está envuelta en un papel de confitería de esos que no son ni bonitos ni feos ni todo lo contrario, pero son papeles como antiguos que quieren ser decorativos y lujosos.

Es una caja de bombones cero pretenciosa y ha resultado ser la mejor que me han regalado. ¿Porqué?, porque tiene toda la intención.

Hay en ella seis bombones diferentes. Son bombones que han sido escogidos: póngame uno de ese, uno de aquél; no, el de más a la izquierda. Son bombones que huelen a chocolate sin líos, ni quicos ni sal maldon ni albahaca; huelen a bombón de regalo de confitería y todo lo que eso implica.

Son todos diferentes y un tanto imperfectos y al abrir la caja han suspirado del viaje. Se nota que han sido además de elegidos, transportados de un lugar a otro. Han ido a muchos sitios hasta llegar a la mesa de mi casa donde me los he encontrado esta noche.

Se han movido ligeramente de su posición inicial y han manchado por dentro la caja con sus virutas de chocolate y sus trajes diferentes.

Son, supongo, el símbolo de esas cosas que ya no quedan, de esas cosas que me recuerdan a la infancia, donde había menos dónde elegir y eso lo recuerdo mágico y fácil frente a las infinitas variedades con aspectos y sabores tan sorprendentes y perfecciones tan conseguidas del pobre chocolate que se ha puesto de moda.

 

Reivindico el alma de estos bombones tan de verdad.

Gracias Ana.

 

Yo sigo pensando secretamente que el arte, servir, servir, no sirve para nada.

El arte ni te da de comer, ni te viste, ni te transporta (físicamente), ni te resuelve problemas.

Cuando el Estado da subvenciones a artistas (a las que yo también aplico), pienso: ¿porqué no hacen guarderías, carreteras  o dan pensiones a jubilados que tienen que vivir con 500€ al mes? ¿qué más les da a ellos o a una madre trabajadora estresada, que hace malabarismos para sobrevivir, que yo reflexione en mi trabajo acerca de “lo fugaz”?

Así que pienso que los artistas somos unos escaqueados del sistema con la única justificación de que como dice Mery Cuesta, somos “agentes especializados en sensibilidad” que nos hemos visto irremediablemente abocados a plasmar mediante ese don, con mejor o peor resultado, nuestras visiones y sentimientos, lanzando preguntas a bocajarro al público que las quiera cazar.

Eso si, a veces, unas cuantas, se produce ese síndrome de Stendhal maravilloso y lo que salió de las manos del artista, conecta con los ojos del que lo ve, y hay un flechazo, algo que genera una emoción intensa, que no tiene que ver con los cinco sentidos, sino con otro sentido que conecta con la memoria, con la cosa pura de la infancia.

Y entonces si que hay alimento y transporte. Y mucho más.

 

Rara Ictus es un broche bastante grande hecho de madera de la pata de un marco de fotos, baquelita de un disco antiguo y cadena de plata.

Es un pez especial, raro, frankensteiniano.

Lo presenté a un concurso llamado “Mediterrània” y parece que esperaban cosas azules o transparentes.

 

 

 

 

 

Un día, un estante poético. A saber:

Bellísimas rosas de Au nom de la Rose en un jarrón art decó de Praga, acompañaban a este broche  que presenté junto al resto de su familia en la expo “Bijoux Collage” en la tienda de Helena Rohner Barcelona.

Está hecho con fragmentos de baquelita de discos antiguos encontrada en casa de los abuelo de Pablo y tiene tres ágatas bandeadas. Es contundente, amante del art decó (por eso está al lado del jarrón, es admiración) y cuelga de un marco cuando no cuelga de una solapa atrevida.

 

 

 

 

Principios de mayo.

Cambio web por blog con ganas de compartir lo que va pasando con mi trabajo y su circunstancia.

WordPress lo pone fácil, los de Frescota han hecho un marco precioso y yo debo de  encontrar esa hora noctámbula para volcar palabras e imágenes a este agujero negro, repleto de ellas.

Bienvenida!

frescota